¿QUIÉNES SOMOS?

           La Escuela Apostólica «Juan Pablo II» es una residencia de estudiantes para varones de secundaria y bachillerato. Ha sido fundada por el Instituto Secular «Servi Trinitatis», instituto aprobado por la Iglesia y que tiene entre sus fines la educación de niños y jóvenes y el cultivo vocacional.
           En los últimos años todos hemos podido ver en nuestra sociedad una caída importante en la educación y formación en valores humanos y cristianos. La Escuela Apostólica «Juan Pablo II» garantiza una esmerada educación integral de los niños y jóvenes que residan en ella, así como una completa formación cristiana que les haga descubrir el verdadero sentido de la vida y su vocación personal.
           ¿Qué medios tiene la Escuela Apostólica «Juan Pablo II» para conseguir esta educación integral? Son varios:
           - Colegios: Los niños y jóvenes podrán asistir a colegios escogidos por su buen nivel académico y su ambiente sano que faciliten su progresión intelectual y su integración social.
           - Apoyos Escolares: Tras las clases en el Colegio, los niños y jóvenes recibirán en la sede de la Escuela Apostólica los apoyos escolares necesarios, con la ayuda de personal cualificado.
           - Actividades Lúdico Deportivas: Ya dijo Juvenal en el siglo II "Mens sana in corpore sano". Para un correcto desarrollo integral es necesario también el deporte y las actividades de entretenimiento tales como: equipos de fútbol, juegos, excursiones, cine, teatro, campamentos, etc.
           - Religión: Todo lo que concierne a la Escuela Apostólica estará imbuido de un profundo sentido cristiano, con momentos propios para la oración, la recepción de los sacramentos y la formación cristiana. Los niños y jóvenes estarán atendidos espiritualmente por sacerdotes del Instituto Secular «Servi Trinitatis», a quienes podrán recurrir en cualquier momento.
           - Régimen de Internado: El seguimiento de un horario pautado, la ayuda prestada entre los residentes, el orden y la disciplina, ayudan a formar un carácter equilibrado que garantice la consecución de un ciudadano honrado y un buen cristiano.